Hay un momento, justo antes de empezar a hablar, en el que el corazón late tan fuerte que parece que todo el mundo puede oírlo.

La comunicación no es para los perfectos sino para los valientes

Hay un momento, justo antes de empezar a hablar, en el que el corazón late tan fuerte que parece que todo el mundo puede oírlo. Ese preciso instante en el que te preguntas: «¿Y si me quedo en blanco? ¿Y si no estoy a la altura? ¿Y si…?».

Y lo sé de buena tinta porque yo también he estado ahí. Durante mis dos décadas como reportera de televisión, hubo días en los que me temblaban las manos antes de entrar en directo. Días en los que mi mente se nublaba y la voz se me quebraba. Días en los que metí la pata tan estrepitosamente que solo quería desaparecer del plano.

Y, sin embargo, aquí estoy. No porque no fallara, sino porque no me rendí. Si hubiera salido huyendo cualquiera de esas veces, hoy no estaría escribiendo esto.

Lo que aprendí de cada tropiezo

A veces pensamos que comunicar bien es hablar perfecto. Pero la verdad es que la auténtica comunicación nace en lo imperfecto: en la duda, en el temblor, en el error que te obliga a respirar hondo y volver a intentarlo.

Recuerdo una de las primeras veces —siendo todavía becaria en una TV local— en las que me quedé completamente en blanco en pleno directo. Salí de plano como pude, sentí el vacío en la cabeza y pensé: «Ya está. Se acabó. No valgo para esto».

Pero no había otra que seguir adelante. Así que respiré. Recuperé una frase. Luego otra. Y seguí, como pude, con la propia inercia que imponían las palabras que salían de mi boca. Nadie pareció notar mi estado de pánico; todo fue mucho más desastroso en mi cabeza.

Cada error me enseñó algo que ningún compañero o manual podía enseñarme:

  • Que la voz se fortalece usándola.
  • Que la claridad llega cuando ordenas tus ideas.
  • Que la conexión con la audiencia nace cuando te permites ser tú, sin máscaras.
  • Que la seguridad no es un punto de partida, sino un resultado.
  • Y, sobre todo, que la comunicación efectiva se consigue cuando decides practicarla, incluso cuando no te sientes preparado.

¿Qué habría pasado si me hubiera rendido?

Si me hubiera rendido cualquiera de esas veces que me equivoqué en directo, no habría aprendido a sostenerme en mis propios nervios. No habría vivido cientos de historias que me cambiaron la vida y no estaría compartiendo ahora contigo que la voz se entrena igual que un músculo.

Por eso, si tú te rindes antes de empezar, quizá te pierdas la versión de ti que está esperando al otro lado del miedo.

Por dónde empezar cuando no sabes por dónde empezar

No necesitas un escenario, ni una cámara, ni un público enorme. Solo necesitas dar un paso. Uno pequeño. Uno tuyo.

Para acompañarte en ese camino, he creado dos recursos que nacen de mi experiencia real, de mis aciertos y de mis meteduras de pata, de mis miedos y de mis aprendizajes:

  • Mi curso online, donde te enseño las técnicas que aprendí y que me ayudaron durante veinte años frente a la cámara.
  • Mi libro, donde comparto historias, herramientas y reflexiones que pueden ayudarte a encontrar tu propia voz.

Puedes encontrarlos aquí: https://anarufian.com/

Ahí te lo cuento todo, de forma sencilla, para que puedas aplicar desde el primer momento los tips que más se ajusten a ti. Sin florituras. Sin tecnicismos. Sin secretos guardados bajo llave. Son un punto de partida accesible y honesto para empezar a practicar sin sentirte solo.

No para los que nunca fallan, sino para los que fallan y siguen. Porque tu voz merece ser escuchada. Tu historia merece ser contada. Y el primer paso está en tus manos.

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