Por qué los oradores expertos necesitan un coach para mejorar

Por qué incluso los oradores expertos necesitan un coach

En el ámbito de la oratoria y la comunicación, existe una creencia muy extendida: que la experiencia equivale a maestría. Muchas personas piensan que, por llevar años hablando en público, ya no necesitan mejorar. Y si bien es cierto que la experiencia es valiosa, no siempre es sinónimo de excelencia.

De hecho, como explica Atul Gawande en un video que descubrí gracias a mi coach de inglés, David Cabezas, incluso los profesionales más brillantes dejan de mejorar cuando renuncian a recibir retroalimentación real.

David me propuso ver este video como ejercicio para nuestra lección de idiomas, y acabó siendo mucho más que eso. Nos abrió la puerta a una interesante conversación —in English— sobre la importancia de tener mentores a lo largo de la vida y la humildad suficiente para reconocer que no sabemos de todo. Eso me recordó algo que veo constantemente en mis alumnos: la mejora continua no es un lujo, es una necesidad.

El estancamiento, ese punto en el que creemos que ya sabemos

Cuando empezamos a aprender algo, avanzamos rápido. En oratoria, los primeros cambios se notan enseguida: controlas mejor los nervios, organizas tus ideas, te sientes más seguro. Pero llega un momento en el que, aunque sigas hablando en público, ya no mejoras. Es más, empiezas a adquirir ciertos vicios.

Eso no significa que hayas llegado a tu máximo nivel. Es que has llegado al máximo nivel que puedes alcanzar solo.

Como mentora, lo veo a menudo. Personas con años de experiencia que creen que su trayectoria es garantía de calidad. Pero cuando analizamos sus intervenciones, aparecen muletillas, falta de claridad, una improvisación cuestionable, gestos que distraen o un tono que no conecta. No es falta de capacidad; es falta de mirada externa.

¿Un coach marca la diferencia?

Gawande pone el ejemplo de los deportistas de élite: incluso los mejores del mundo siguen teniendo entrenadores. No porque no sepan jugar, sino porque saben que la excelencia necesita ojos externos. Un buen mentor:

  • Te muestra lo que tú no ves.
  • Te ayuda a romper hábitos que llevas años repitiendo.
  • Te impulsa a llegar a un nivel que tú solo no alcanzarías.

En oratoria, esto es oro molido. Un buen acompañamiento puede transformar tu presencia, tu mensaje y tu impacto. No te cambia: te revela.

Tres ideas clave para quienes quieren hablar mejor

  1. Sin feedback, no hay crecimiento. Da igual cuántos años lleves hablando. Si nadie te observa con atención y te ofrece comentarios honestos, tu evolución se detiene. Un capítulo aparte merecen las críticas ofensivas y autocríticas desmesuradas, a las que hay que poner en su sitio.
  2. Todos tenemos puntos ciegos. Hay detalles que simplemente no percibimos: un gesto repetitivo, un ritmo acelerado, una historia mal estructurada. Un coach te ayuda a detectarlos y a transformarlos.
  3. La humildad es una fortaleza. Los mejores comunicadores no son los que creen saberlo todo, sino los que siguen aprendiendo y disfrutando del camino. La humildad abre las puertas que la soberbia cierra.

La mejora continua como forma de vivir y comunicar

La oratoria no es una habilidad estática; evoluciona contigo. Tus mensajes cambian, tu público cambia, tú cambias. Por eso, la mejora continua no es un extra: es parte del camino.

La conversación con David sobre este video me recordó algo esencial: siempre hay un margen de mejora. Ese siguiente nivel rara vez se alcanza en solitario. Además, con David comparto no solo clases de inglés, sino también una visión profunda de lo que significa ser mentor. Para nosotros, un mentor es esa persona que te ayuda a pulir tus habilidades, sí, pero también a transformar tu mentalidad. Alguien que te acompaña para que, día a día, te acerques un poco más a tu mejor versión.

Buscar ayuda no es un signo de debilidad; es una decisión inteligente. Así que, si eres de los que creen en la mejora continua, recuerda que los mejores oradores no son los que nacen con talento, sino los que nunca dejan de crecer.

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