Comunicar a través de la pantalla_ lo que Zoom y Teams no te enseñan pero deberías saber

Comunicar a través de la pantalla: lo que Zoom y Teams no te enseñan, pero deberías saber

Con la llegada del verano, muchas empresas flexibilizan horarios y apuestan por el teletrabajo. Quizás tú también aproveches estas semanas para trabajar desde la playa, desde el pueblo de tus padres o simplemente desde tu terraza con más calma. Y eso significa una cosa: más reuniones telemáticas que habitualmente. Videollamadas desde entornos distintos, con conexiones distintas y, muchas veces, con la guardia un poco más baja porque «total, estoy casi de vacaciones».

Y es precisamente por eso por lo que quiero hablarte hoy de este tema. Porque después de 19 años contando historias frente a una cámara, y con mi actual puesto como consultora legaltech, tengo todo esto más que presente. Cuando en plena pandemia vi cómo el mundo entero empezaba a comunicarse a través de una pantalla, sentí algo curioso: por primera vez, mi profesión y la tuya se encontraban en el mismo terreno de juego.

Porque sí, aunque no lleves un micro de petaca ni un pinganillo, cuando entras a una videollamada estás haciendo televisión. Y como toda televisión, tiene sus propias reglas. Reglas que nadie te ha explicado, pero que marcan la diferencia entre una reunión que se olvida y una que se recuerda, la lleves a cabo desde tu despacho o desde un apartamento con vistas al mar.

La pantalla no perdona, pero tampoco exige perfección

Una videollamada no es una conversación de café. Es una conexión, como las que yo hacía en directo, en la que cada detalle cuenta un poco más porque el margen de matices se reduce.

Ya sabes que repito mucho esta cifra: comunicación no verbal 55%, paraverbal 38%, verbal solo un 7%. En pantalla, ese equilibrio se pone a prueba: tu cuerpo se reduce a un recuadro, tu voz pierde textura al pasar por un altavoz y tus silencios se pueden confundir con cortes de conexión.

No necesitas aspirar a la perfección. Pero sí ser consciente de que juegas con menos herramientas que en una reunión presencial, así que las que te quedan hay que cuidarlas más.

El Triángulo también aplica a la pantalla

  • Texto: sé más breve de lo que crees necesario. La atención se dispersa más rápido que en una sala, así que prioriza tres ideas, no diez.
  • Voz: sube ligeramente tu energía vocal. El micrófono aplana los matices, así que marca más las pausas.
  • Cuerpo: tu lenguaje corporal se reduce a cabeza, hombros y manos, así que cada gesto pesa el doble. Una sonrisa sincera o una mirada a cámara se convierten en tu escenario completo.

Y hablando de mirar: mira a la cámara, no a la pantalla. No hace falta que sea todo el tiempo, pero ten en cuenta que cuando observas la cara de tu interlocutor, para él parece que miras hacia abajo. Cuando miras al objetivo, es como si lo miraras a los ojos. En televisión esto es de lo primero que se entrena, y al principio te aseguro que incomoda. Pero es exactamente ese gesto el que genera la sensación de cercanía que buscamos, el de atravesar la pantalla.

En el teletrabajo, no todo vale

Aquí quiero detenerme, porque es algo que veo constantemente en mis mentorizados y, en ocasiones, incluso en el ámbito profesional: el fondo, la ropa y la actitud también forman parte de tu mensaje. Y en verano, con más tentación de conectarte desde cualquier rincón de la casa, esto cobra todavía más importancia.

Antes de que pronuncies una sola palabra, tu fondo ya está comunicando algo. Una estantería ordenada transmite una cosa; la toalla de playa secándose de fondo, otra bien distinta. No te pido que montes un plató en el salón, solo que te preguntes: ¿esto suma a mi credibilidad o le resta?

Con la ropa ocurre algo parecido. Sé que la tentación del verano es todavía mayor: parte de arriba impecable, chanclas por debajo. Pero cómo te vistes condiciona cómo te sientes. Cuando te arreglas, aunque sea mínimamente, tu cuerpo recibe una señal clara: «esto importa, estoy en modo profesional». Y esa señal se nota en tu postura, tu voz y tu nivel de atención.

Y luego está la actitud, el ingrediente que ninguna cámara capta, pero que todos perciben. Puedes tener el fondo perfecto y la ropa adecuada, pero si te conectas con desgana o la mirada perdida, todo lo demás se desmorona. Antes de entrar a una llamada, pregúntate: ¿cómo quiero que se sientan las personas que me van a ver y escuchar en los próximos minutos? Esa pregunta cambia por completo cómo te presentas.

Conéctate un par de minutos antes, cierra las pestañas que puedan distraerte, mantén una postura activa y sonríe al empezar, aunque sea una reunión de trabajo en pleno mes de agosto. La sonrisa también se escucha en la voz.

Todo suma, nada es casualidad

En televisión aprendí que cada detalle cuenta una historia, incluso aquellos que parecen imperceptibles. El teletrabajo veraniego no es diferente: el fondo, la ropa, la actitud, la mirada a cámara… todo forma parte de un mismo mensaje, el de quién eres cuando te muestras ante los demás, estés donde estés.

No se trata de fingir, sino de ser consciente de que sigues comunicando aunque estés a cientos de kilómetros de la oficina. Porque ya sea delante de una cámara de televisión o de la webcam de tu portátil, la esencia sigue siendo la misma: cómo te presentas también es parte de lo que dices.

¿Y tú, qué es lo que más te cuesta cuidar en tus videollamadas de trabajo, sobre todo en esta época del año? Cuéntamelo en comentarios y si quieres que profundicemos juntos en alguno de estos puntos, aquí estoy para ayudarte.

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